martes, 2 de diciembre de 2008


Estuvo a punto de mandarle a dar por culo, pero apretó los dientes y se calló. Sabía que sin su dinero la película nunca se llevaría a cabo, por eso aceptó la contratación de Maderas sin rechistar.
Cuando Martin salió del despacho, Andrés sacó su agenda y llamó por teléfono a Flora. Necesitaba un masaje inmediatamente. Su cuerpo, sus palabras y hasta sus pensamientos reflejaban una gran crispación.
Aquellos dedos de mujer frotaban su cuerpo con fiereza. Ahora la espalda, luego las piernas, después el pecho, las nalgas… Andrés notó una sacudida y una tremenda agitación. Cambió de posición y sin mirar a Flora, sus manos revolvieron aquella intimidad de mujer que tanto le gustaba. Ella le devolvió los besos como hacía siempre, y echados sobre la alfombra del despacho hicieron el amor hasta quedarse extenuados.
Después de entregarle doscientos euros por el servicio, se repanchingó en sofá y se acordó de la primera vez que vio a Clara. Fue en el interior del Café Gijón. Él pidió un whisky mientras esperaba a una conocida actriz de cine, y ella le sirvió. Cuando sus ojos se encontraron con los suyos un puente tejido con hilo de estrellas, como en las películas de Walt Disney, se tendió, y sus vidas a partir de ese momento caminaron en la misma dirección.
Mariángeles

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