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Este lo saludó con entusiasmo. Andrés apenas si respondió al saludo.Se había paralizado en medio de un caos de pensamientos que nolograba ordenar. Cuál era el siguiente paso. Le habían robado lacartera, con las tarjetas de crédito, un par de cheques de los cualesuno era al portador, el móvil, la copia del guión… Y el productorhablándole de que había conseguido contratar al actor Adolfo Maderaspara interpretar el papel secundario, porque el pensaba que más quesecundario era un segundo principal.El humo del puro que el productor fumaba placenteramentefrente a él, se le vino a la cara como una agresión. ¡Clara quería eldivorcio! No podía ser cierto, era absurdo y estúpido. ¿Qué iba a serClara sin él? Una mujer que apenas tenía recurso para ir por la vida.Y el imbécil del productor mirándole con cara de prepotente,satisfecho por haber conseguido contratar al Maderas.—Te dije que lo conseguiría —exclamó el productor.—¿A quién?—¿A quien va a ser?, pues al Maderas. Me lo he ganado a pulso, nocreas. Al final por menos de lo que pensaba darle.—Ese tío es un mierda, un chulo que se cree actor…—Cálmate muchacho… Ya veo que no te encuentras bien. Desde que hecruzado esa puerta me he dicho: este tío está pálido como un muerto—Te dije que no lo quería en esta película. ¿Por qué tanto empeño encontratarle? —gritó.—Yo soy aquí quien pone el dinero, así que ese pequeño detalle me daderecho a elegir.—¿Qué pasa, qué como tú le das a todo esperas tirártelo?
Manuela

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