
Subió de un salto los tres escalones quele quedaban y se adentró en el edificio. Sin apenas mirar a nadie sedirigió al ascensor, tenía que llegar a su despacho cuanto antes yllamar urgentemente al banco, lo primero que debía hacer erabloquear las cuentas corrientes y las tarjetas de crédito, más tardepondría la denuncia. ¿Y el guión? En principio no había problema, elque llevaba en la carpeta tan solo era una copia, pero estaba segurode que cuando le pidiera otra al guionista y le contara lo ocurridomontaría en cólera. Carlos era buen tipo, un excelente profesional,pero vivía obsesionado con la idea del plagio. No habría manera deconvencerle de que el ladrón de su cartera era un simple chorizo enbusca de pasta y no un enviado de otra productora para apropiarse desus magníficas ideas.Entró al despacho y se dirigió al teléfono a toda velocidad. Cuandose disponía a descolgar el auricular encontró una pequeña nota sobrela mesa, "Ha llamado su esposa, es muy urgente".¿Su esposa? ¿Qué podía querer? Hacía media hora que se habíadespedido de ella en la puerta de su casa. ¿Y por qué no le habíallamado al móvil? ¡Coño, el móvil! También iba en la cartera, lascosas se estaban complicando por momentos. Decidió llamar primero aClara y después al banco, tampoco iba a ser tan rápido el ladrónpara fundir las tarjetas de crédito en cinco minutos.—Cariño, ¿me has llamado? ¿Ocurre algo?—Sí, Andrés, te he llamado, quiero el divorcio.El silencio se hizo dueño de la situación por varios segundos queparecieron eternos.—Clara, no estoy para bromas, si te cuento lo que me ha pasado estamañana…—No me importa.—Pero ¿qué te pasa? ¿Es que hoy es el día de los Santos Inocentes?—Andrés, ya no te amo, estoy harta de fingir, no lo soporto ni undía más. No quiero más cenas con María y con Tomás, no quiero másviajes contigo, no deseo más excusas sobre tu excesivo trabajo, nome importan las excentricidades del actor principal de tu película,ni siquiera me importa que los girasoles no lloren porque yo sílloro, muchas veces, a escondidas, y he decidido que ya essuficiente y que quiero ser feliz.Clara colgó el teléfono sin dar opción a su marido a decir ni unapalabra, y Andrés, con la sorpresa adueñándose de su rostro, tuvoque recibir al productor de la película que acababa de entrar por la puerta.
Maribel

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