
Cuando salió a la calle, un viento helado le azotó el rostro. Pensó que el invierno comenzaba a ser implacable y se abrochó bien el abrigo mientras levantaba la mano para parar el taxi que venía vacío por la manzana anterior."Lléveme a Ministerios, por favor". El taxista se limitó a decir un simple "bien" mientras arrancaba en esa dirección.Tomás pensó una vez más en la dichosa película, pero había también un pensamiento añadido: Clara. La notaba rara desde hacía algún tiempo. Como ausente, como desencantada a veces. Él comprendía que no le estaba prestando toda la atención que debiera, pero se justificaba por el excesivo trabajo. "Después de todo, con lo que yo gano, mantengo bien a toda la familia". "Además, Clara nunca me acompaña a los estudios, nunca me da su opinión, nunca se interesa por los problemas que surgen a diario..." Sintió un cierto alivio al notar que no era pues el único culpable. "No obstante, cuando acabemos la película, tengo que sentarme a hablar con ella en serio. Aclararemos las cosas, la llevaré de viaje, y seguro que cambiará de actitud"."Son doce euros". Inmerso en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que ya habían llegado. Pagó el importe y se negó a dejar propina . "Estos hombres tan secos no deberían trabajar con público". Ese razonamiento tranquilizó su proceder.Cuando se disponía a subir las escaleras de la Plaza, alguien se abalanzó sobre él, y sin que pudiera darse apenas cuenta, se encontró con que la cartera había desaparecido de su mano. "¡oh, no, por Dios, llevo en ella toda la documentación, el guión, los cheques para los pagos de hoy...!
Teresa

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