domingo, 30 de noviembre de 2008


Subió de un salto los tres escalones quele quedaban y se adentró en el edificio. Sin apenas mirar a nadie sedirigió al ascensor, tenía que llegar a su despacho cuanto antes yllamar urgentemente al banco, lo primero que debía hacer erabloquear las cuentas corrientes y las tarjetas de crédito, más tardepondría la denuncia. ¿Y el guión? En principio no había problema, elque llevaba en la carpeta tan solo era una copia, pero estaba segurode que cuando le pidiera otra al guionista y le contara lo ocurridomontaría en cólera. Carlos era buen tipo, un excelente profesional,pero vivía obsesionado con la idea del plagio. No habría manera deconvencerle de que el ladrón de su cartera era un simple chorizo enbusca de pasta y no un enviado de otra productora para apropiarse desus magníficas ideas.Entró al despacho y se dirigió al teléfono a toda velocidad. Cuandose disponía a descolgar el auricular encontró una pequeña nota sobrela mesa, "Ha llamado su esposa, es muy urgente".¿Su esposa? ¿Qué podía querer? Hacía media hora que se habíadespedido de ella en la puerta de su casa. ¿Y por qué no le habíallamado al móvil? ¡Coño, el móvil! También iba en la cartera, lascosas se estaban complicando por momentos. Decidió llamar primero aClara y después al banco, tampoco iba a ser tan rápido el ladrónpara fundir las tarjetas de crédito en cinco minutos.—Cariño, ¿me has llamado? ¿Ocurre algo?—Sí, Andrés, te he llamado, quiero el divorcio.El silencio se hizo dueño de la situación por varios segundos queparecieron eternos.—Clara, no estoy para bromas, si te cuento lo que me ha pasado estamañana…—No me importa.—Pero ¿qué te pasa? ¿Es que hoy es el día de los Santos Inocentes?—Andrés, ya no te amo, estoy harta de fingir, no lo soporto ni undía más. No quiero más cenas con María y con Tomás, no quiero másviajes contigo, no deseo más excusas sobre tu excesivo trabajo, nome importan las excentricidades del actor principal de tu película,ni siquiera me importa que los girasoles no lloren porque yo sílloro, muchas veces, a escondidas, y he decidido que ya essuficiente y que quiero ser feliz.Clara colgó el teléfono sin dar opción a su marido a decir ni unapalabra, y Andrés, con la sorpresa adueñándose de su rostro, tuvoque recibir al productor de la película que acababa de entrar por la puerta.
Maribel

Cuando salió a la calle, un viento helado le azotó el rostro. Pensó que el invierno comenzaba a ser implacable y se abrochó bien el abrigo mientras levantaba la mano para parar el taxi que venía vacío por la manzana anterior."Lléveme a Ministerios, por favor". El taxista se limitó a decir un simple "bien" mientras arrancaba en esa dirección.Tomás pensó una vez más en la dichosa película, pero había también un pensamiento añadido: Clara. La notaba rara desde hacía algún tiempo. Como ausente, como desencantada a veces. Él comprendía que no le estaba prestando toda la atención que debiera, pero se justificaba por el excesivo trabajo. "Después de todo, con lo que yo gano, mantengo bien a toda la familia". "Además, Clara nunca me acompaña a los estudios, nunca me da su opinión, nunca se interesa por los problemas que surgen a diario..." Sintió un cierto alivio al notar que no era pues el único culpable. "No obstante, cuando acabemos la película, tengo que sentarme a hablar con ella en serio. Aclararemos las cosas, la llevaré de viaje, y seguro que cambiará de actitud"."Son doce euros". Inmerso en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que ya habían llegado. Pagó el importe y se negó a dejar propina . "Estos hombres tan secos no deberían trabajar con público". Ese razonamiento tranquilizó su proceder.Cuando se disponía a subir las escaleras de la Plaza, alguien se abalanzó sobre él, y sin que pudiera darse apenas cuenta, se encontró con que la cartera había desaparecido de su mano. "¡oh, no, por Dios, llevo en ella toda la documentación, el guión, los cheques para los pagos de hoy...!
Teresa

Se despidió de Clara sujetándola por la barbilla y le dio un besoligero. Ella le respondió con cierto rictus de rutina y cansancio.Él la miró fijamente a los ojos y sonrió.—Te prometo que esta noche llegaré pronto. Estaré aquí antes de lasocho. Queda con María y Tomás.Podemos salir a cenar con ellos.Ella hizo un movimiento de asentimiento con la cabeza pero no lecontesto.Se colocó la bufanda sobre el abrigo alrededor del cuello, cogió lacartera de mano y salió con rapidez. Disponía del tiempo justo parallegar al despacho, pues había quedado con el productor a las ochode la mañana y ya era casi esa hora. La nueva película que llevabaentre manos estaba muy atrasada, y este hecho, como le habíacomentado a Clara, le estaba produciendo más quebraderos de cabezade los que podía asumir. Estaba basada en una obra de FedericoCardenal "Los girasoles no lloran", récord de ventas en el mercadoespañol y adaptada por uno de los mejores guionistas de la empresadel cine, pero el actor principal les estaba causando con su actitudbastantes quebraderos de cabeza.
Rafaela