
Se sintió culpable. A pesar de sus escarceos amorosos él amaba a Clara.
Nunca pensó que pudiera ser desgraciada, que quisiera dejarle. Estaba deseando llegar a casa para hablar con ella, para pedirle una explicación ¿qué podía haberle pasado? y ¿por qué no había podido esperar a decírselo en otro momento? Con lo que ahora tenía en la cabeza. No podía pensar con claridad. Estaba furioso y ni siquiera el “masaje completo” de Flora le había relajado.
Se dirigió al portal y cuando abrió la puerta una desolación le inundó el alma. La casa estaba vacía. Literalmente vacía. Las pisadas de Andrés retumbaban y su voz llamando a Clara chocaba contra aquellas paredes vacías. Habían desaparecido todas las cosas, sus muebles, sus discos, sus libros, no quedaba nada. Corrió desesperado a su despacho y allí encontró más de lo mismo.
—Será hija de puta—gritó en el silencio de la noche.
En el centro del salón, le llamó la atención un sobre blanco en el suelo. Lo abrió y una escueta nota decía: No me busques, ya se pondrán en contacto contigo mis abogados.
Dando un portazo salió de la casa que fue su hogar y se metió en el primer bar que encontró.
Paqui
Nunca pensó que pudiera ser desgraciada, que quisiera dejarle. Estaba deseando llegar a casa para hablar con ella, para pedirle una explicación ¿qué podía haberle pasado? y ¿por qué no había podido esperar a decírselo en otro momento? Con lo que ahora tenía en la cabeza. No podía pensar con claridad. Estaba furioso y ni siquiera el “masaje completo” de Flora le había relajado.
Se dirigió al portal y cuando abrió la puerta una desolación le inundó el alma. La casa estaba vacía. Literalmente vacía. Las pisadas de Andrés retumbaban y su voz llamando a Clara chocaba contra aquellas paredes vacías. Habían desaparecido todas las cosas, sus muebles, sus discos, sus libros, no quedaba nada. Corrió desesperado a su despacho y allí encontró más de lo mismo.
—Será hija de puta—gritó en el silencio de la noche.
En el centro del salón, le llamó la atención un sobre blanco en el suelo. Lo abrió y una escueta nota decía: No me busques, ya se pondrán en contacto contigo mis abogados.
Dando un portazo salió de la casa que fue su hogar y se metió en el primer bar que encontró.
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